La “sombra del turismo” en El Bolsón

En las últimas semanas el diario Río Negro ha seguido de cerca la problemática derivada de la aprobación del proyecto de un gigantesco loteo inmobiliario de 850 hectáreas en la Pampa de Ludden, que divide aguas y opiniones en la comunidad de El Bolsón. La polémica suscitada es una buena oportunidad para volver a reflexionar sobre la problemática del negocio inmobiliario actuando en la sombra del turismo en buena parte del Corredor de los Lagos.

El proyecto de loteo se corresponde con un patrón repetido en nuestras áreas de montaña, que impone un crecimiento acelerado en el que cobra relevancia una intensificación del negocio inmobiliario. Bajo el pretexto de favorecer el desarrollo turístico se activan procesos especulativos que ponen en tela de juicio el supuesto que el progreso económico compensa las repercusiones negativas que puedan acompañarlo. En las investigaciones que venimos realizando desde hace más de una década en CEPLADES, hemos encontrado evidencias que el progreso al que se alude, en realidad proyecta “sombras” que permiten el libre juego del negocio inmobiliario, y dan lugar a dinámicas tendientes a la privatización de los principales beneficios económicos entre las élites y la socialización de los principales costes entre la ciudadanía.

El negocio inmobiliario encuentra en los slogans de supuesto desarrollo turístico su base de sustentación, ya que tracciona sobre los imaginarios de nuevos residentes e inversores en la búsqueda de una nueva vida en las montañas. Su accionar reconoce dos consecuencias principales: por un lado, una acelerada expansión de las urbanizaciones sobre áreas frágiles, y por otro, el dominio de la especulación inmobiliaria sobre las economías locales en estos destinos de montaña.

El crecimiento acelerado de las urbanizaciones es un fenómeno fácilmente observable en casi todos los destinos turísticos de montaña del norte de la Patagonia. El proceso combina la aparición de burbujas de crecimiento mayormente exógeno y de conquista de nuevos lugares con valor potencial, que comienza por los bienes comunes y públicos como las costas de ríos y lagos, y continúa con la conquista de otros territorios, más frágiles y vulnerables ambientalmente, como las laderas de los cerros y montañas y las áreas de mallines y humedales. Sobre estos lugares el mercado inmobiliario reconoce  -siguiendo la lógica de la renta del suelo – un valor de cambio futuro nada desdeñable. Así, más y más lugares son urbanizados, más espacios privatizados, más conflictos entre los antiguos residentes y los migrantes, y mayor y sostenida necesidad de infraestructura. Además, el pensamiento aún predominante en la mayoría de nuestros destinos de montaña de que “todo crecimiento es positivo”, incentiva una expansión continua de la frontera urbana, que acaba siendo desmedida y desproporcionada en relación a la capacidad de soporte de los territorios. La creación de nuevas centralidades es otra característica de esta expansión inmobiliaria, que en algunos casos pueden llegar a conformar verdaderas nuevas urbanizaciones satélites de los pueblos originales. Los loteos sobre el cerro Bayo, que logró frenar la comunidad de Villa La Angostura con la participación de Greenpeace en 2014, estaban encaminados a constituirse en una de estas nuevas centralidades. El proyecto controversial de El Bolsón parece ir en el mismo camino.

El peso del negocio inmobiliario es elocuente en las economías locales en el Corredor de los Lagos, donde el interés en la renta inmobiliaria por propio peso acaba desplazando a las otras actividades económicas productivas. En este contexto de crecimiento vertiginoso, resulta fundamental que los grupos de interés asociados al desarrollo turístico reflexionen sobre las formas que asume “el negocio turístico”, y tener una compresión clara de la dirección de los cambios y sus implicancias.

 

Dr. Rodrigo González

Profesor Area Economía del Turismo e Investigador de CEPLADES Turismo, Facultad de Turismo, Universidad Nacional del Comahue.