¿EL TURISMO BAJO AMENAZA TERRORISTA?

El presente artículo  no pretende dar respuesta a los conflictos terroristas, pues sería improbable llegar a tal punto ni es el objetivo el pretender rastrear sus orígenes y evolución. Simplemente tiene  como interés  instalar  el debate y la reflexión en relación a  la conexión entre terrorismo y turismo y sus impactos[1]. Para ello, podemos constatar, la existencia de un amplio  y creciente conjunto de estudios referidos al impacto del terrorismo[2] sobre el sector turístico (Bonham et al., 2006, 99) [3].El turismo como proceso social,  trabaja sobre las interrelaciones humanas, y ambientales, y actúa sobre el desarrollo territorial y la economía regional y con ello incide en la sociedad  y  se ve influenciado. Fenómenos naturales, epidemias y violencia conspiran contra la actividad turística, sin dejar región en el mundo donde el paso del mosquito Aedes aegypti, la corriente del Niño o el terrorismo y el crimen organizado no hayan afectado la actividad. Durante las seis últimas décadas, el turismo ha experimentado una continua expansión y diversificación, convirtiéndose en uno de los sectores económicos de mayor envergadura y crecimiento del mundo[4]. A los destinos favoritos tradicionales de Europa y América del Norte se han ido sumando muchos otros. El turismo representa una importante actividad socio-económica y los ataques terroristas a nivel internacional provocan un gran descenso de ingresos, lo cual provocan un gasto directo importante a sus gobiernos. Esto autoriza a los terroristas de obtener una ventaja política frente a las autoridades públicas (Evans et al, 2005:141)[5] . La decisión de los turistas de quedarse en casa o elegir otros destinos más seguros, representan una pérdida importante para el turismo en un país sujeto al terrorismo. La palabra “terrorismo”, profusamente usada y, a primera vista, de significado elocuente, es sumamente compleja y, por lo tanto, admite diferentes acepciones[6]. Sin embargo, al pensar en ella, el sentido común de cada uno de nosotros señala una asociación directa de este término con la violencia. El  terrorismo y el turismo están relacionados, pero que uno ocurra no quiere decir que el otro también suceda en el mismo lugar. Es decir, la posibilidad de verse envuelto en un atentado terrorista es muy pequeña, en general y aun así, la mayoría de la población tiene miedo, lo cual fomenta en muchos casos, el turismo nacional, pues la gente se siente más segura dentro de su propio país, a pesar de que los ataques no se pueden prever. Los terroristas utilizan el atacar a los turistas como una herramienta estratégica para obtener atención mediática, lo cual crea miedo y confusión entre la población y desestabiliza la economía de un país, además de fomentar su propia actividad. El terrorismo consiste precisamente en eso, en infundir terror. Crean una especie de paranoia en la sociedad que consigue mantener en una especie de estado de alerta ante un posible ataque inminente. No sabes ni donde ni cuando, lo único que tienes es la certeza de que pasará algo. Montserrat Bordes Solanas (2000) en su obra “El terrorismo. Una lectura analítica”[7] señala que “el tema del terrorismo está sobre el tapete, al ciudadano le resulta difícil mantener la calma de la argumentación serena y ecuánime. La demonización o la apología a ultranza, según los casos, son los deltas en los que se suele desembocar a partir de consideraciones relativas a las experiencias vividas o a los reduccionismos más o menos interesados”. Diferencia entre otras cuestiones el terrorismo clásico y terrorismo contemporáneo, siendo el primero aquel que “solo atentaba contra personajes que simbolizaban o cometían ellos mismos las atrocidades sociales objetos de protesta”, y el segundo que actúa “alegando su defensa de causas políticas no consensuadas, apunta casi exclusivamente a blancos inocentes y anónimos, escogidos al azar o masivamente” (2000:27). Durante los últimos años, por no decir meses, Europa que es la región que más turistas recibe cada año ha sido escenario de grandes ataques  terroristas   del autodenominado Estado Islámico  y parece que la frecuencia con la que se repiten es cada vez mayor. La situación ha provocado que los Estados amenazados de sufrir un atentado hayan aumentado los niveles de seguridad y la presencia policial haya aumentado muchísimo. Históricamente, el siglo XX ha sido la época más oscura del terrorismo[8], especialmente para Occidente. Tuvieron lugar atentados narcoterroristas, anarquistas, nacionalistas, racistas, xenófobos, antisemitas, etc. Hubo atentados terroristas dejando cientos de muertos, muchos de ellos turistas tanto en América Latina como Estados Unidos,  y en Europa como señalar ut supra, en Reino Unido, España, Francia, Bélgica, Turquía (Estambul), Grecia Alemania, entre muchos otros lugares, o como en el caso de Marruecos principal centro turístico de África, en arribos de turistas, donde en abril del 2012 una bomba estalló en una cafetería turística matando a 17 turistas, 10 de ellos franceses.  Según los datos de la Organización Mundial de Turismo (OMT), 584 millones de personas visitaron el Viejo Continente. El segundo puesto lo ocupa Asia con 263 millones, esto es, menos de la mitad. Además, Londres y París se encuentran entre las cinco ciudades que más viajeros reciben en todo el mundo; y Roma, Barcelona, Ámsterdam o Madrid están también en los primeros puestos. Lugares turísticos, tales como aeropuertos, bares, restaurantes o discotecas, son una “diana” para los terroristas, debido a que son zonas donde se reúnen más personas. El último atentado en Barcelona (17de agosto del corriente) supone el primer ataque yihadista[9] vivido en España desde 2004. El escenario, el epicentro turístico de la ciudad más visitada de España, en pleno agosto, cuando miles de turistas recorren las Ramblas. El ataque golpeó de lleno en el corazón del turismo, en un momento clave para España.

Los efectos del terrorismo en Europa produjeron, además de la lamentable pérdida de vidas humanas (algo que estaría demás aclarar ya que siempre es lo más importante),  una caída del RevPAR (ingresos medios por habitación disponible) del 37% en Estambul, del 18% en Bruselas y del 13% en París, de acuerdo con los datos de la consultora STR. El impacto de los atentados de París, en noviembre de 2015, seguido del atropello en Niza, en julio de 2016, han lastrado las cifras del sector en Francia. En un año, el país galo perdió dos millones de turistas. En el caso de Francia, el turismo supone el 8% del PIB. El sector hotelero tardó en París un año y medio en recuperar el ritmo y todavía hoy no ha recuperado los niveles anteriores a los atentados. Otras ciudades afectadas, como Estambul, siguen lastradas por los ataques. Las cadenas hoteleras Meliá, NH Hotel, RIU, Barceló, Iberostar y Enristrar (Grupo Hotusa) son algunos de los grupos con mayor presencia en España. RIU abandonó por ejemplo su negocio hotelero en Túnez tras el atentado yihadista de junio del pasado año 2016 y NH sufrió el impacto del ataque en Bruselas en sus cuentas. Por otro lado, en Reino Unido (Londres es la segunda ciudad más visitada del mundo), el impacto de los últimos atentados terroristas podría alejar a aproximadamente 285.000 turistas esta año, según investigaciones de Euromonitor. En el caso de Bélgica, un informe publicado por la federación de Empresas de Bélgica revelo que el impacto económico de los atentados en Bruselas se elevó a  400 millones de euros en el último año, suponiendo 9500 puestos de trabajo menos. El terrorismo también perjudicó a países musulmanes que fueron objeto de atentados, como Túnez, que perdió unos dos millones de turistas tras dos masacres en 2015, en tanto otros estados que no sufrieron ataques, como Jordania y Omán, igualmente mermaron en la cantidad de  turistas de occidente. En Argentina el ataque terrorista a la Embajada de Israel sucedido el  martes 17 de marzo de 1992,causó 22 muertos y 242 heridos ,para posteriormente sufrir el atentado  a la AMIA (Asociación Mundial Israelita) el 18 de julio de 1994,  convirtiéndose  en uno de los mayores ataques terroristas ocurridos en Argentina, con un saldo de 86 personas muertas y 300 heridas, y considerado el mayor ataque sufrido a la comunidad  judía desde la Mundial, aún sin culpables, ni nada: solo pelea política descarnada. El argentino comenzó a incorporar  vocablos como  terrorismo  religioso, político, y a empezar a tomar conocimiento de un  parte de la población de que “no hay lugar inmune” y que cualquier país “puede ser atacado”, mientras otra parte lo consideraba un hecho aislado, lejano. El turismo se ve “amenazando”, lo cual transmite el efecto negativo a la actividad de las empresas relacionadas con el turismo; puede arruinar la imagen de un destino turístico que anteriormente era conocido por su confort, atracción y por su seguridad. Posteriormente se produce una disminución en la actividad turística tanto nacional como internacional y arrastra a todas las industrias relacionadas con la demanda y gasto turístico. Aunque las consecuencias de una crisis turística afectan a todos los destinos turísticos, el periodo de recuperación puede variar de un destino a otro (Tyrrell Timothy et al, 2006: 5)[10].

Hasta el 2001 ésta industria ha sido bastante ágil frente a los peligros provocados del terrorismo; sin embargo los ataques de Nueva York dieron un giro a la industria turística global. Tuvo el mayor impacto socio-económico en toda la historia de la humanidad. Según fuentes oficiales, los atentados dejaron un total de 3.016 muertos, incluyendo a los 19 secuestrados y 24 desaparecidos, y más de 6.000 víctimas. Su dimensión, las personas que perdieron su vida y el daño material producido impactaron a las economías de todo el mundo, pero lo más asombroso de esta tragedia fue la posibilidad de seguir los atentados en vivo a través de la televisión, ante el horror del mundo. Existen numerosos estudios sobre los impactos de las actividades terroristas al turismo cuyo impacto económico global tras el 11-S es prácticamente imposible de medir. (OMT 2005). En este sentido, los atentados del 11-S supusieron un cataclismo para el turismo internacional pues, si bien no estuvieron dirigidos contra objetivos turísticos, el hecho de que emplearan aviones de líneas regulares, así como el consiguiente cierre del espacio aéreo estadounidense, causaron la anulación masiva de vuelos, de reservas de hoteles y de otros servicios afines tales como entradas de cine, de teatro, restaurantes y demás. Partiendo de esta experiencia, los estudios subsiguientes dedujeron una fuerte vulnerabilidad del sector turístico, que se tradujo en proyecciones de importantes y duraderos impactos sobre el sector ante cualquier atentado. Así pues, después de los atentados del 11 de septiembre, el transporte aéreo cambió para siempre. La seguridad en los aeropuertos aumentó considerablemente, sobre todo en los aeropuertos de Estados Unidos, y en todos aquellos que tuvieran vuelos a dicho país, como el de Barajas en Madrid o el de Heathrow en Londres, entre otros. Volar se convirtió en largas esperas en el aeropuerto, controles de seguridad, escáneres corporales, controles de equipaje, etc. Para los pasajeros de hoy en día es algo normal que no gusta, pero se acepta. Sin embargo, para todos aquellos que  volaban antes del atentado, el cambio supuso una subida en el precio de los billetes, a causa de la inversión en las medidas de seguridad, y las esperas y colas una incomodidad hasta que se sube al avión, e incluso una vez llegas al destino, vuelve a haber cola para pasar por identificación con la policía. Cabe destacar, en el caso de las líneas aéreas, los fuertes desembolsos que tuvieron que realizar para adecuarse a las nuevas medidas de seguridad, como las puertas blindadas en las cabinas de pilotos, etc., y que en el caso de una empresa aérea como Lufthansa superó con creces los 1.000 millones de euros. El 11S también hizo que el punto de mira de los grupos terroristas se centrara en los turistas, y no solo aumentó la seguridad en los aeropuertos en cuanto a controles, sino que también se almacenaron datos personales de los pasajeros y se empezaron a instalar cámaras de vigilancia, no solo en aeropuertos o estaciones de tren, también en las calles. Todo ello  repercutió en varios enfrentamientos entre EEUU y la Unión Europea   por vulnerar el derecho a la privacidad de los ciudadanos. Los terroristas atacan a los turistas precisamente porque son uno de los motores del desarrollo económico y social. Para ello, solo referirse a Abimael Guzmán[11] , por ejemplo, el otrora fundador de Sendero Luminoso quien mejor sintetizó tal vez, los argumentos terroristas en contra del turismo: 1) el turismo es símbolo del capitalismo, 2) los turistas generalmente provienen de países ricos y por lo tanto representan al régimen capitalista, considerado opresor  y 3) el turismo es una industria apoyada por el Gobierno, y por consiguiente un ataque al turismo es un ataque al gobierno  señalado por Thomas Bauret ,2016( en su artículo Terrorismo y Turismo, Revista Economía del Terrorismo, nº 893:60).

Paradójicamente, en ocasiones los propios grupos armados son tan juiciosos acerca de la importancia del turismo para la economía de su país, que llegan a sobreponerse a sus propios conflictos. Valga evocar, como colofón a este artículo, el anecdótico incidente que tuvo lugar en Kenia durante las elecciones de 1997 y que recoge Bianchi (2007, 71)[12], aunque no se refiera a un evento terrorista, sino a un caso de inestabilidad y violencia política: cuando un autobús con turistas alemanes acabó atrapado entre el fuego cruzado de dos facciones armadas enfrentadas, éstas interrumpieron los disparos y condujeron, conjuntamente, el autobús fuera de la zona de peligro, conscientes de la importancia que el turismo suponía para la región, independientemente de la facción que se acabara imponiendo en la revuelta. Solo a título de ejemplos (hay muchos más) en julio de 1946, tuvo lugar el primer atentado conocido contra un objetivo turístico: el hotel King David de Jerusalén. Como es bien sabido, en aquella acción los activistas del Irgún, encabezados por Vladimir Jabotinsky y Menachem Begin (posteriormente, primer ministro israelí entre 1977 y 1983), hicieron estallar una potente bomba contra el hotel en el que se habían establecido las oficinas del Gobierno y el cuartel general de las fuerzas británicas, asesinando a 91 personas e hiriendo a otras 45, entre ciudadanos de Reino Unido, árabes y judíos. Desde entonces, los grupos terroristas han venido concentrando sus agresiones preferentemente contra objetivos económicos (US Department of State, 2003, apéndice G) y, más concretamente, turísticos (Cabrer e Iranzo, 2007:66)[13]  puesto que éstos resultan fáciles de atacar, atraen la atención de los medios de comunicación internacionales y dañan de forma significativa. Así, puede resultar ilustrativo recordar el caso de algunos grandes eventos deportivos, puntos destacados de atracción del turismo internacional, que han sido objetivos de atentados o afectados por la amenaza terrorista.

Una mañana de noviembre de 1997, el impresionante templo de la reina Hatshepsut (Egipto) se convirtió en un infierno de metralla. Un grupo de integristas islámicos atacó a los turistas que paseaban entre las ruinas, descargando la munición de siete kalashnikov, granadas de percusión, bombas de fabricación casera e incluso dos minas anticarro. Los extranjeros, en su mayoría suizos y japoneses, vieron cómo algunos de sus propios guías disparaban contra ellos, convirtiendo en una pesadilla una de las zonas más hermosas y visitadas del sur de Egipto (Luxor). Fue el primer gran ataque terrorista contra la industria del ocio donde murieron 67 personas, de las cuales 57 eran extranjeros. Otras 85 resultaron heridas. El saldo puso de rodillas el desarrollo turístico del país y de toda la región, que nunca se ha recuperado plenamente del trauma. Han pasado dos décadas desde aquella mañana y los ataques contra el turismo se han repetido en Egipto y se han extendido a lo largo y ancho del planeta, alcanzando nuevas latitudes en el Sudeste Asiático. Drakos y Kutan (2003)[14] señalan cinco vías a través de las cuales el terrorismo ejerce su influencia nefasta sobre el turismo: ● Reduciendo de modo directo el número de turistas que visitan un país afectado por el terrorismo. ● Disminuyendo el volumen de inversión directa extranjera en el país, hecho especialmente dramático en países en vías de desarrollo.● Obligando a incrementar los gastos en campañas publicitarias que incentiven nuevamente el turismo. ● Generando gastos para reconstruir las instalaciones turísticas dañadas por los incidentes terroristas. ●  Obligando a incrementar la seguridad en los posibles destinos turísticos, con el objeto de dificultar ulteriores ataques terroristas. Desde el sector todo hace suponer que si se trabaja en una agencia de viajes es imprescindible saber qué está pasando en aquellos lugares a los que se oferten viajes: política, conflictos, etc. Un/a cliente puede pedir consejo sobre distintos lugares, o bien ya tiene claro dónde quiere viajar, y si ese lugar está teniendo algún tipo de conflicto interno, el cliente ha de ser informado de cómo actuar, con quién ponerse en contacto en caso de emergencia, entre otros. En caso de trabajar en un hotel, los trabajadores tienen que estar informados de todos los protocolos a llevar a cabo en situación de emergencia, de los lugares del destino a los que se puede acudir por libre o se ha de ir acompañado o no acudir en absoluto. Al trabajar de cara al público una de las cosas que se requiere es saber tratar con la gente, lo cual es obvio, pero se ha de enfatizar que la influencia que se ejerce en los clientes, turistas es enorme. Por eso, se ha de informarles claramente de todas las posibles repercusiones y peligros, por menores que sean, que pueden darse en el lugar de destino seleccionado, desde un posible terremoto, un hurto en un mercado central, a huelgas, peleas, secuestros, etc. Los atentados han alimentado el miedo de los viajeros. Las preguntas se amontonan: ¿Y ahora qué? ¿Debo viajar al extranjero? ¿Me equivoqué al elegir el destino de este verano? ¿Debí escoger un lugar más seguro? ¿Mi agencia me permitiría cambiar sin penalización? ¿Mejor quedarme en casa? ¿Existe algún lugar realmente seguro?… Otros viajeros que todavía no han comprado sus vacaciones y los que optan por las ofertas de última hora, por contra, es posible que cambien de opinión y decidan quedarse en casa -literalmente- u opten por destinos nacionales de proximidad que perciben como más seguros, aunque en realidad no lo sean, en una asociación de ideas distorsionada por el impacto. La situación es similar a la que se vive ante un accidente de avión, con miedo a volar, cuando en realidad, el transporte aéreo se ha demostrado uno de los más seguros. Algunos de estos interrogantes planteados no tienen una respuesta objetiva. Es posible que nuestro destino de viajes no se asemeje ni por asomo al escenario de los atentados, sin embargo, abrumados por el impacto, las dudas nos acechan y hacen que seamos incapaces de razonar. El futuro del terrorismo es imprevisible, pero se puede suponer que estos sucesos tendrán una gran importancia también en el futuro y es una amenaza que la industria de turismo debe tener en consideración. Debido   a su naturaleza, el turismo presenta una alta probabilidad de convertirse en un objetivo prioritario del terrorismo en el futuro; la pregunta que cabe es si el fenómeno terrorista se convertiría así en una parte integral del turismo moderno, ya que en principio llego para quedarse. Es  cierto que para causar un impacto económico duradero no basta con un atentado aislado, sino que es necesario una sucesión de ataques… ¿estamos en ese punto? ¿Cómo nos preparamos y si nos preparamos realmente desde el sector turístico, tanto a nivel del sector público como  privado ante este flagelo? Las potencias responden con bombardeos, los yihadistas con atentados y así se va cerrando más y más el círculo vicioso. Quisiera encontrarme a alguien que me dijera donde hay un lugar seguro, ¿ustedes creen que haya un lugar seguro en este mundo actual? Yo ya no lo creo. En este contexto, parece obvio  que ante ataques terroristas de corte islamita o  el que fuere, los países no deberían bajar la  guardia cooperando en materia de seguridad. Recordemos que el objetivo del terrorismo es crear miedo e incertidumbre y en este sentido, las coberturas mediáticas de estos acontecimientos favorecen la difusión política de los terroristas. Todo indicaría que el sector turístico pueda considerarse” crítico “en el contexto de las amenazas terroristas.

El crecimiento turístico pasa, necesariamente, por el tema de la seguridad, elemento clave de la estrategia de marketing de cualquier destino de viaje. Es una precondición para un sector altamente sensible a las condiciones de seguridad pública.

 

*María Alejandra Gazzera

Decana
Profesora Titular Área Servicios Turísticos
Directora Centro de estudio CECIET-FATU
Integrante IPEHCS-UNCo-CONICET
Facultad de Turismo (UNCO)
Av.Argentina 1400 Box 95
(8300) Neuquen Argentina

 

[1] Existen   estudios científicos sobre el turismo que han realizado un gran esfuerzo para comprender y estudiar el terrorismo pero lejos de ser claros, se hacen parcial y etnocentrica  (Weber, 1994; West, 2008; Sackett y Botterill, 2006; Hall, 2002; Aziz, 1995; Goldblatt y Hu, 2005; Robson, 2005; Mccarney, 2008; Domínguez, Burguette y Bernard, 2003; Araña y León, 2008; Bahttarai, Conway y Shrestha, 2005).
[2] Reinares (2003,20059 citado por Thomas Baumert clasifica el terrorismo en nacional/transnacional e internacional Asimismo, Auschauer (2008:56) diferencia 5 conjuntos de motivos que los terroristas pueden aducir a la hora de poner al turismo en su mira: motivos históricos, políticos, religiosos, culturales.
[3] Carl Bonham;Christopher Edmonds;James Mak(2006) “The Impact of 9/11 and Other Terrible Global Events on Tourism in the United States and Hawaii” Volume: 45 issue: 1, page(s): 99-110
[4] Según datos de la OMT (Organización Mundial del Turismo) Las llegadas de turistas internacionales crecieron un 4.6% en 2015 a 1.184 millones En 2015, el turismo internacional generó US $ 1,5 billones en ingresos de exportación La OMT prevé un crecimiento de las llegadas de turistas internacionales entre 3.5% y 4.5% en 2016 Para 2030, la OMT prevé que llegará a 1,8 mil millones de turistas internacionales (turismo de la OMT hacia 2030)
[5] Nigel Evans, Sarah Elphick (2005) Models of crisis management: an evaluation of their value for strategic planning in the international travel industry -International Journal of Tourism Research Volume 7, Issue 3May/June 2005  Pages 135–150
[6] En 1992 La Organización de las Naciones Unidas define el terrorismo como “Un método inspirado por ansiedad, de acción violenta repetida, empleada por los agentes clandestinos o semiclandestinos de forma individual, colectiva o estatal, por motivos idiosincrásicos, criminales o políticos, por el que – en contraste con el asesinato – las objetivos directos de la violencia no son objetivos principales; (ONU)
[7] Bordes Solanas, Montserrat. (2000).El terrorismo: una lectura analítica Barcelona, Bellaterra
[8] Según los datos de la “Base de datos de terrorismo global” (GTD), mecanismo de investigación de la universidad de Maryland Estados unidos, desde el 2001 hasta el 2007 hubo más de 11.500 actos terrorista en todo el mundo.
[9] El yihadismo es un neologismo occidental utilizado para denominar a las ramas más violentas  y radicales dentro del islam político, caracterizados por la frecuente y brutal utilización del terrorismo, en nombre de una supuesta “yihad” a la cual sus seguidores llaman una guerra santa en el nombre de Ala
[10] Timothy J. Tyrrell , Robert J. Johnston (2006) The Economic Impacts of Tourism: A Special Issue Journal of Travel Research Volumen: 45 número: 1, página (s): 3-7Número publicado: 1 de agosto de 2006
[11]  Alias “Gonzalo”.En 1992 fue sentenciado a cadena perpetua por el delito de traición a la patria y encarcelado en la Base Naval del Callao, donde permanece hasta ahora junto a otros líderes senderistas.
[12]  Bianchi   R. (2007).[12] «Tourism and the Globalization of Fear: Analyzing the Politics of Risk and (in)Security in Global Travel». Tourism and Hospitality Research, vol. 7, nº 1, pp. 64-74.
[13] Cabrer Borras  e Iranzo Pérez, (2007)  El Efecto de los Atentados Del 11-s sobre El Turismo en España –Estudios de Economía Aplicada, 2007, vol. 25, pages 365-386
[14] Konstantinos Drakos y Ali M. Kutan Regional Effects of Terrorism on Tourism in Three Mediterranean Countries Volumen: 47 número: 5, página (s): 621-641 Número publicado: 1 de octubre de 2003